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Cistitis felina: síntomas, causas y primeros pasos
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Cistitis felina: síntomas, causas y primeros pasos

· 8 min de lectura

Cistitis felina: síntomas, causas y primeros pasos

La cistitis felina es un problema relativamente frecuente y puede resultar muy desconcertante para las familias. De repente, un gato que utilizaba el arenero con normalidad empieza a entrar y salir de él constantemente, hace pequeñas cantidades de orina, parece incómodo o incluso empieza a orinar fuera.

Y aquí aparece una de las primeras ideas importantes: que un gato tenga síntomas urinarios no significa necesariamente que tenga una infección de orina.

En gatos existen diferentes enfermedades que pueden producir signos muy parecidos. Por eso, saber reconocerlos y consultar a tiempo es importante para averiguar qué está ocurriendo.

¿Qué es exactamente la cistitis felina?

La cistitis es una inflamación de la vejiga urinaria.

En los gatos, una de las causas más habituales de signos urinarios es la cistitis idiopática felina (CIF). Se llama “idiopática” porque no se identifica una causa concreta que explique la inflamación de la vejiga.

Esto no significa que “no tenga nada”.

De hecho, la cistitis idiopática puede producir dolor y molestias importantes. Además, en algunos gatos los episodios pueden repetirse.

También se ha observado una relación entre la CIF y determinados factores ambientales y de estrés, aunque no se trata simplemente de decir que “el gato tiene cistitis porque está estresado”. Es un problema complejo en el que intervienen diferentes factores del propio animal y de su entorno.

Cistitis no significa infección de orina

Esta es probablemente una de las confusiones más frecuentes.

Cuando un gato orina muchas veces, hace poca cantidad o parece tener molestias, es fácil pensar inmediatamente en una infección urinaria.

Pero los mismos síntomas pueden aparecer en problemas diferentes.

Entre las posibles causas de signos urinarios en gatos encontramos:

  • Cistitis idiopática felina
  • Cálculos o piedras urinarias
  • Tapones uretrales
  • Infecciones urinarias
  • Obstrucción de la uretra
  • Otras enfermedades del aparato urinario

Por eso, no basta con observar los síntomas para saber cuál es la causa. Las recomendaciones actuales sobre enfermedades del tracto urinario inferior felino señalan precisamente la necesidad de realizar una investigación diagnóstica para identificar qué hay detrás de esos signos.

¿Cuáles son los síntomas de la cistitis felina?

Los signos pueden ser bastante fáciles de pasar por alto al principio, especialmente si el gato sigue comiendo y comportándose aparentemente con normalidad.

Algunas cosas que puedes observar son:

Va muchas veces al arenero

Puede entrar y salir repetidamente del arenero y hacer cantidades muy pequeñas de orina.

Esto se conoce como polaquiuria.

Hace esfuerzo para orinar

Puede quedarse mucho tiempo en el arenero, adoptar una postura diferente o parecer que le cuesta conseguir que salga la orina.

Hay sangre en la orina

La orina puede presentar una coloración rosada o rojiza, aunque en ocasiones la cantidad de sangre sea tan pequeña que no resulte evidente a simple vista.

Orina fuera del arenero

Un gato que empieza a orinar en otros lugares de la casa puede estar teniendo un problema urinario.

No conviene asumir automáticamente que se trata de un problema de comportamiento.

Vocaliza mientras está en el arenero

Algunos gatos pueden maullar o vocalizar cuando sienten dolor o molestias al orinar.

Se lame mucho la zona genital

El lamido excesivo puede aparecer asociado a molestias en la zona.

Está diferente

Puede esconderse más, mostrarse irritable, estar menos activo o interactuar menos con la familia.

Y esto es importante: un gato con dolor no necesariamente parece “muy enfermo”.

Puede seguir caminando, comiendo y haciendo parte de su rutina habitual mientras algo está ocurriendo.

¿Y si mi gato va muchas veces al arenero pero hace muy poca orina?

Este es uno de los datos que merece más atención.

Si tu gato entra repetidamente al arenero, hace esfuerzo y produce muy poca orina o no consigue orinar, no conviene esperar a ver si se le pasa.

Especialmente en los gatos machos, existe el riesgo de que la uretra se obstruya.

Una obstrucción urinaria es una urgencia veterinaria y puede deteriorarse rápidamente.

Si no estás segura de si realmente está orinando, tampoco es buena idea asumir que sí.

En estos casos, lo adecuado es contactar con un veterinario cuanto antes.

¿Por qué puede aparecer la cistitis idiopática?

La CIF es un problema complejo y su causa exacta no está completamente establecida.

Sí sabemos que determinados factores relacionados con el entorno pueden influir en algunos gatos susceptibles.

Por ejemplo:

  • Cambios importantes en la rutina
  • Conflictos con otros gatos
  • Falta de control sobre el entorno
  • Cambios en los recursos disponibles
  • Un entorno poco adaptado a las necesidades del gato
  • Situaciones que generan estrés

Esto es especialmente interesante porque, cuando un gato tiene episodios recurrentes, no todo el tratamiento consiste en medicación.

También puede ser necesario revisar cómo está viviendo el gato.

Las guías veterinarias recomiendan valorar el entorno y realizar modificaciones ambientales adaptadas a cada animal cuando existe CIF.

¿Cómo se diagnostica?

Aquí hay otra idea importante: no podemos diagnosticar una cistitis idiopática simplemente porque el gato tenga síntomas urinarios.

El veterinario tendrá que valorar al animal y, dependiendo del caso, puede recomendar diferentes pruebas.

Entre ellas se encuentra el análisis de orina, que puede aportar información sobre la concentración de la orina, sangre, células, cristales y otros hallazgos.

En determinadas situaciones también pueden ser necesarias otras pruebas, como un cultivo de orina o pruebas de imagen para buscar cálculos u otras alteraciones.

La edad también importa. Por ejemplo, en gatos mayores con signos urinarios no conviene asumir automáticamente que se trata de cistitis idiopática: hay que valorar otras causas como infección urinaria, cálculos o incluso otras enfermedades.

¿Qué puedes hacer en casa mientras contactas con tu veterinario?

Lo primero es observar y recopilar información.

Puede parecer una tontería, pero saber exactamente qué está haciendo tu gato puede ayudar mucho durante la consulta.

Fíjate en:

  • Cuántas veces entra al arenero
  • Si hace pis cada vez
  • Aproximadamente qué cantidad hace
  • Si hace esfuerzo
  • Si vocaliza
  • Si hay sangre
  • Si orina fuera del arenero
  • Si se lame más de lo habitual
  • Si está comiendo y bebiendo con normalidad
  • Si su comportamiento ha cambiado

Si puedes observarlo sin molestarlo, también puede ser útil grabar un vídeo de cómo se comporta en el arenero. Esto puede ayudar al veterinario a entender mejor lo que estás viendo en casa.

Y, si utilizas varios areneros, fíjate también en cuál está utilizando y si ha habido algún cambio en sus hábitos.

¿Qué pasa con el agua y la alimentación?

Mantener una buena ingesta de agua es importante para la salud urinaria.

En algunos gatos puede ser útil favorecer el consumo de agua mediante diferentes estrategias adaptadas a sus preferencias: disponer de varios puntos de agua, utilizar fuentes si les gustan o aumentar la proporción de alimento húmedo cuando sea apropiado.

Pero no existe una única dieta o estrategia que sirva para todos los gatos con problemas urinarios.

Si tu gato tiene episodios recurrentes, el veterinario puede valorar su alimentación, peso, hidratación y antecedentes para decidir qué medidas tienen sentido en su caso.

De hecho, las recomendaciones nutricionales para enfermedad urinaria felina incluyen el aumento de la ingesta de agua como uno de los aspectos que puede formar parte del manejo, pero siempre dentro del contexto individual del paciente.

¿Y si vuelve a pasar?

Los episodios recurrentes merecen una revisión más completa.

Si tu gato ha tenido cistitis anteriormente y vuelves a detectar que entra muchas veces al arenero, hace pequeñas cantidades o muestra molestias, no des por hecho que es exactamente lo mismo que la vez anterior.

Puede serlo, pero también puede haber aparecido otra causa.

Además, cuando existe CIF recurrente, revisar el entorno puede ser tan importante como revisar los aspectos médicos.

¿Hay tensión con otro gato?

¿Ha habido cambios recientes en casa?

¿Tiene suficientes recursos?

¿Puede acceder fácilmente al agua, comida, lugares de descanso y areneros?

Las necesidades ambientales del gato forman parte de su salud y pueden ser especialmente relevantes en animales con problemas urinarios recurrentes.

¿Cuándo es una urgencia?

Hay una situación que merece una mención especial: un gato que intenta orinar y no consigue hacerlo.

Si entra repetidamente al arenero, hace esfuerzo y no sale orina (o no estás segura de que esté orinando), especialmente si además está dolorido, decaído, vomita o empeora rápidamente, no esperes a ver si mejora por sí solo.

La obstrucción uretral puede ser potencialmente mortal y necesita atención veterinaria inmediata.

Y aunque no exista una obstrucción, cualquier cambio urinario persistente, repetido o acompañado de dolor merece una valoración veterinaria.

Conocer cómo orina tu gato también es prevención

Muchas veces no nos fijamos demasiado en lo que ocurre dentro del arenero hasta que aparece un problema.

Pero conocer sus hábitos habituales (cuántas veces lo utiliza, aproximadamente cuánto orina y cómo se comporta mientras lo hace) puede ayudarte a detectar antes que algo ha cambiado.

Y cuando aparece ese cambio, cuanta más información puedas aportar, mejor.

Si tu gato presenta cambios en la forma de orinar, consulta con tu veterinario. Y si intenta orinar y no consigue hacerlo, no esperes.


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Escrito por

Equipo HolaVetCare

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