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¿Esto es una urgencia veterinaria? Guía práctica para decidir en casa
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¿Esto es una urgencia veterinaria? Guía práctica para decidir en casa

· 9 min de lectura

¿Esto es una urgencia veterinaria? Guía práctica para perros y gatos

Cuando tu perro o gato hace algo que no habías visto antes, es normal preguntarse si debes esperar, pedir cita con tu veterinario habitual o acudir directamente a un servicio de urgencias veterinarias.

Un vómito aislado no tiene la misma importancia que varios vómitos acompañados de decaimiento. Una cojera leve no se valora igual que un animal que no puede apoyar una extremidad. Y un gato que entra muchas veces al arenero sin conseguir orinar necesita una respuesta mucho más rápida que uno que simplemente ha hecho sus necesidades con una frecuencia diferente.

Por eso, más que aprender una lista interminable de síntomas, es útil saber qué cambios pueden indicar una urgencia veterinaria y qué información puede ayudarte a decidir qué hacer.

Importante: esta guía es orientativa y no sustituye una valoración veterinaria. Si tienes dudas sobre la gravedad de lo que está ocurriendo, es preferible consultar.

¿Qué se considera una urgencia veterinaria?

Una urgencia veterinaria es una situación que necesita atención rápida porque puede empeorar, provocar complicaciones importantes o poner en riesgo la vida del animal.

No todas las urgencias tienen el mismo grado de gravedad ni requieren exactamente la misma respuesta. Algunas necesitan atención inmediata y otras pueden ser valoradas por tu veterinario en las próximas horas.

La dificultad está en que los primeros signos no siempre permiten saber desde casa qué está ocurriendo.

Por eso, además del síntoma concreto, hay que fijarse en el estado general del animal, cuánto tiempo lleva ocurriendo, si está empeorando y si aparecen varios cambios a la vez.

Señales que pueden indicar una urgencia veterinaria

Hay algunos signos ante los que no conviene esperar a ver si se pasan solos.

Dificultad para respirar

Los cambios en la respiración son especialmente importantes.

Puede ser preocupante que tu perro o gato respire con mucho esfuerzo, utilice exageradamente el abdomen para respirar, no consiga descansar cómodamente, estire el cuello para coger aire o presente una respiración claramente diferente de la habitual.

En gatos, respirar con la boca abierta o jadear no es normal y debe considerarse una situación de urgencia.

También son señales de alarma unas encías azuladas, grises o muy pálidas, especialmente si aparecen junto con dificultad respiratoria.

Si tu animal tiene dificultad para respirar, no merece la pena esperar a ver cómo evoluciona en casa.

Pérdida de consciencia, colapso o debilidad extrema

Si un animal se desploma, pierde la consciencia, no responde con normalidad o presenta una debilidad repentina y marcada, necesita atención veterinaria inmediata.

Lo mismo ocurre ante una parálisis o una pérdida repentina de movilidad. Estos signos pueden tener causas neurológicas, circulatorias, metabólicas o traumáticas y requieren una valoración rápida.

Convulsiones

Una convulsión puede resultar muy alarmante, especialmente si nunca habías visto una antes.

Durante el episodio, lo más importante es evitar que el animal se haga daño. Retira objetos cercanos, no intentes sujetarlo y no introduzcas las manos en su boca.

Una vez termine, contacta cuanto antes con un veterinario para valorar qué ha ocurrido.

Sangrado abundante o traumatismos importantes

Un atropello, una caída desde cierta altura, un golpe fuerte o una herida con sangrado abundante requieren valoración veterinaria aunque el animal parezca relativamente tranquilo.

Después de un traumatismo puede haber lesiones internas que no sean evidentes a simple vista. Además, que un animal se comporte con normalidad inmediatamente después de un accidente no descarta que exista un problema.

Incapacidad para orinar

Este punto es especialmente importante en los gatos.

Entrar repetidamente al arenero, hacer fuerza, vocalizar, adoptar la postura para orinar sin conseguirlo o producir cantidades muy pequeñas de orina puede indicar un problema urinario.

Si un gato no consigue orinar, es una urgencia veterinaria.

No conviene esperar a comprobar si finalmente lo consigue, especialmente en machos, porque una obstrucción urinaria puede empeorar rápidamente.

Abdomen muy hinchado o intentos repetidos de vomitar sin conseguirlo

Un abdomen que aumenta de tamaño de forma repentina, especialmente si el perro está inquieto, tiene dolor o realiza intentos repetidos de vomitar sin expulsar nada, necesita atención veterinaria inmediata.

En perros, estos signos pueden aparecer en una dilatación-torsión gástrica, entre otras situaciones graves.

No es una situación para observar durante unas horas en casa.

Posible intoxicación

Si sospechas que tu perro o gato ha ingerido un medicamento, producto de limpieza, planta tóxica, alimento peligroso u otra sustancia potencialmente tóxica, no esperes a que aparezcan síntomas para pedir consejo.

La gravedad depende de la sustancia, la cantidad ingerida, el tamaño del animal y el tiempo transcurrido. Además, algunas intoxicaciones pueden tardar horas en mostrar signos evidentes.

Guarda el envase o haz una fotografía del producto si puedes. Esa información puede ser muy útil para el veterinario.

Y algo importante: no provoques el vómito ni administres medicamentos por tu cuenta, salvo que un veterinario te indique expresamente que debes hacerlo.

¿Y los vómitos, la diarrea o la falta de apetito?

Son motivos de consulta muy frecuentes y no siempre significan una emergencia.

Un vómito aislado en un animal que después se encuentra completamente normal puede tener una importancia muy diferente a los vómitos repetidos, especialmente si no consigue mantener el agua, está decaído, tiene dolor o aparecen otros signos.

Lo mismo ocurre con la diarrea.

Conviene consultar con mayor rapidez cuando los vómitos o la diarrea son repetidos o abundantes, contienen sangre, aparecen junto con debilidad, dolor u otros cambios, o el animal no consigue beber o mantener el agua.

La edad también importa. Un cachorro, un gatito, un animal mayor o un animal con una enfermedad previa puede deshidratarse o empeorar más rápidamente.

¿Y si no quiere comer?

La pérdida de apetito merece atención, aunque no siempre sea una urgencia inmediata.

Pero hay situaciones en las que no conviene esperar demasiado: si lleva tiempo sin comer, está decaído, tiene vómitos, diarrea, dolor u otros cambios, es recomendable contactar con el veterinario.

En gatos hay que prestar especial atención. Un gato que deja de comer durante más de 24 horas necesita valoración veterinaria inmediata, especialmente porque la falta de ingesta puede asociarse a problemas metabólicos importantes.

No todo cambio necesita ir a urgencias

También es importante decir lo contrario.

No queremos que cualquier cambio haga pensar automáticamente en una emergencia.

Si tu perro o gato ha tenido una alteración leve y puntual, pero sigue activo, come y bebe con normalidad y se comporta como siempre, puede ser razonable observarlo durante un tiempo y registrar qué ocurre.

Por ejemplo, una diarrea puntual o un vómito aislado en un animal que después se encuentra completamente normal no necesariamente requiere acudir inmediatamente a un hospital veterinario.

La clave está en observar la evolución.

Pregúntate:

  • ¿Ha ocurrido una sola vez o se está repitiendo?
  • ¿Está empeorando?
  • ¿Ha aparecido algún otro síntoma?
  • ¿Está comiendo y bebiendo?
  • ¿Se comporta como siempre?
  • ¿Tiene dolor o parece incómodo?
  • ¿Puede hacer sus actividades habituales?

Y, sobre todo, fíjate en algo que a veces es más útil que una lista de síntomas: cómo está tu animal en comparación con su normalidad.

La edad y los antecedentes también cuentan

La misma señal puede tener distinta importancia dependiendo del animal.

No es lo mismo un vómito aislado en un perro adulto sano que varios vómitos en un cachorro.

Tampoco es lo mismo una disminución del apetito en un gato adulto que en un gato con una enfermedad crónica.

La edad, las enfermedades previas, la medicación que toma, el estado general y el tiempo que lleva ocurriendo el problema son datos importantes para valorar la situación.

Por eso, cuando llames al veterinario, intenta contar no solo qué síntomas has visto, sino también cómo se encuentra el animal en general.

¿Qué información puede ayudar a tu veterinario?

Cuando estamos preocupados es fácil olvidarse de detalles.

Si puedes, intenta recoger esta información:

Qué ha ocurrido: qué cambio has observado.

Cuándo empezó: hora aproximada o desde qué día.

Cuántas veces ha ocurrido: una vez, varias veces en una hora, durante varios días…

Cómo ha evolucionado: si va a más, a menos o se mantiene igual.

Qué estaba haciendo antes: comiendo, durmiendo, jugando, paseando, utilizando el arenero…

Qué ha ocurrido después: si ha vuelto a la normalidad o han aparecido otros signos.

Qué medicación toma: nombre, dosis y frecuencia.

Si ha podido ingerir algo diferente: comida, plantas, medicamentos, productos, objetos…

Y, cuando sea posible, un vídeo o una fotografía puede aportar información que es difícil explicar con palabras. Una tos, una respiración extraña, una cojera o un comportamiento que aparece solo durante unos segundos pueden no reproducirse durante la consulta.

¿Qué hacer mientras consigues atención veterinaria?

Si crees que tu perro o gato puede estar ante una urgencia, lo más importante es mantener la calma y contactar con un veterinario o servicio de urgencias.

No intentes solucionar el problema con remedios caseros ni administres medicamentos humanos.

Si el animal está herido, manipúlalo lo mínimo necesario y evita acercar la cara a su boca: el dolor y el miedo pueden hacer que incluso un animal normalmente tranquilo reaccione de forma diferente.

Si se trata de una posible intoxicación, lleva contigo el envase o la información de la sustancia si puedes hacerlo de forma segura.

Y si el veterinario te indica que debes acudir a un centro de urgencias, sigue sus instrucciones sobre cómo trasladar al animal.

Una última cosa: si dudas, pregunta

Desde casa no siempre podemos saber qué hay detrás de un síntoma.

Y ese es precisamente el motivo por el que no merece la pena intentar hacer un diagnóstico buscando una lista de síntomas en internet.

Un mismo signo puede aparecer en problemas muy diferentes, desde algo leve hasta una situación que necesita atención inmediata.

Lo que sí puedes hacer es conocer cómo es tu perro o gato cuando está bien, observar los cambios y saber reconocer algunas señales de alarma.

Si algo no te encaja, consulta.

Tu veterinario podrá valorar el conjunto: los síntomas, la exploración física, los antecedentes y, si hace falta, las pruebas diagnósticas necesarias.

En resumen

Ante una posible urgencia veterinaria, presta especial atención a:

  • dificultad para respirar
  • pérdida de consciencia, colapso o debilidad extrema
  • convulsiones
  • sangrado abundante o traumatismos importantes
  • incapacidad para orinar
  • abdomen muy hinchado o intentos repetidos de vomitar sin conseguirlo
  • sospecha de intoxicación
  • cambios bruscos y graves en el estado general
  • dolor intenso
  • vómitos o diarrea repetidos acompañados de otros signos preocupantes

Y recuerda: no necesitas saber exactamente qué le ocurre para pedir ayuda.

Si tu perro o gato no está como siempre y no sabes si puede esperar, una llamada a tu veterinario puede ayudarte a decidir cuál es el siguiente paso.


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Escrito por

Equipo HolaVetCare

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